Yo no salgo a aplaudir

Lo de aplaudir está muy bien, y me alegro por la gente que lo haga de verdad y por convicción, y sobre todo, por las personas que lo reciben con cariño y les reconforta. Si salir a aplaudir a los balcones va a ayudar a reforzar la sanidad pública y universal y va a dar valor a aquellos trabajos que normalmente pasan desapercibidos, o peor aún, son despreciados por algunos, entonces bienvenidos sean.

Yo personalmente no salgo a aplaudir, pero no porque no agradezca el inestimable trabajo del personal sanitario, de limpieza, de supermercados, fuerzas de seguridad, etc, que están dando el callo todos los días para que no nos falten los servicios básicos, ni tampoco porque crea que no se lo merecen, sino porque considero que en el fondo estamos haciéndole un flaco favor al convertir en héroes y heroínas a quienes realmente son las víctimas de este sistema egoísta que ha ido despojando de condiciones de vida dignas a grandes estratos de la población.

Creo que buena parte del personal sanitario y de otros sectores, recibe los aplausos con cierta confusión: por una parte, agradecen el reconocimiento, pero por otra, presienten que cuando todo esto termine ellos seguirán siendo los imbéciles de turno que hacen el trabajo sucio que sostiene nuestro sistema. Muchos reclaman mejores salarios, claro. No obstante, también insisten en otros factores: el respeto, la dignidad, precisamente aquellos valores que desaparecen por arte de magia al envolverlo todo en un halo de sacrificio heroico. Me parece una trampa en la que caemos recurrentemente que, cada vez que un colectivo es víctima de injusticia, la sociedad los convierte en héroes.

Entre aplauso y aplauso no he visto ni un solo cartel en redes sociales ni en los balcones que pida la subida del salario de las enfermeras, médicos, limpiadoras o cajeras de supermercados; poco o nada se ha publicado acerca de qué tipo de vida  llevan, a qué dificultades se enfrentan y qué condiciones laborales tienen estos trabajadores, que de precarias que son, no tienen derecho ni a hacer cuarentena porque son la base fundamental sobre la que se sostiene nuestro frágil sistema.

Con tanto aplauso hemos conseguido ensordecer la evidencia de que a base de recortes se ha reducido el Estado del Bienestar a la mínima expresión. Menos aplausos y más solidaridad, respeto y dignidad, que se traduzcan en una mejora de las condiciones laborables.  Esto no se trata de colores políticos ni de ideologías, sino de sentido común y justicia.

Queda saber cuanto durará esta fiebre de aplausos y si a medida que la situación vaya mejorando, los medios de comunicación y redes sociales seguirán dedicándoles tanto espacio a estos colectivos que ahora están sacando el país adelante. ¿Seguirán saliendo entonces a aplaudirles? ¿Defenderán sus derechos y les ayudarán a resolver su situación?

 

Oveja Negra

Me marché del rebaño porque no paraban de pastar y balar. Desde entonces vivo más tranquilo.
Procuro siempre contrastar la información antes de tomar ninguna conclusión y doy mi opinión sincera cuando se me pregunta.

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