El verdadero virus somos nosotros

Desde que se extendió la pandemia del covid-19, casi no se habla de otra cosa que del coronavirus y de sus efectos, de los contagios, de las vidas que ha dejado a su paso y de las cuantiosas pérdidas económicas que sufren empresas, autónomos y trabajadores, y por ende del considerable debilitamiento de nuestro sistema.

Nos quejamos de lo devastador que ha sido el virus y de todas las «libertades» de las que hemos sido privados. Pero quizá habría que pararse a pensar un poco en cómo nosotros, los seres humanos, hemos estado haciendo las cosas, sobre todo en las últimas décadas.

Somos culpables del deterioro sistemático de «nuestro» planeta, el calentamiento global, la deforestación, las sequías, la extinción de especies, ya sea cazando de manera masiva y/o destruyendo sus hábitats para adaptarlos al nuestro. Y para colmo tenemos conflictos entre nosotros mismos. Si analizamos nuestro comportamiento, tal parece que el virus seamos nosotros.

En películas como Matrix o Yo Robot, se aborda el tema directamente y sin tapujos. En esta última, la inteligencia artificial se revela contra los seres humanos que los crearon debido a que son éstos mismos los que incumplen las directrices que les marcaron. Puedes ver la escena a continuación:

En el caso de Matrix se hace más evidente y se afronta la cuestión de una manera más dura. En esta escena, el agente Smith comparte con Morfeo su revelación acerca de la relación del ser humano con un virus:

¿Cómo se comporta un virus?

Los virus son considerados parásitos ya que no tienen la capacidad de nacer, crecer, reproducirse y morir por sí solos. Tienen que tomar una célula para que esta trabaje para ellos y es entonces cuando la célula reproduce el virus. A partir de ahí esta célula modificada buscará replicarse cuantas veces le sea posible, propagándose rápidamente para extenderse y llegar a todos los lugares de los que pueda obtener un beneficio y haga posible, primero su supervivencia, y después transformar la forma de vida tal y como era. ¿Te suena?

El virus se aprovecha de otro organismo para su propia subsistencia, al cual se le denomina como hospedador, sin que éste brinde algún tipo de beneficio a este último. Por lo general cuando este tipo de situaciones se presenta, puede surgir un conjunto de escenarios negativos para el huésped, provocadas por el hecho de que un organismo vive a costa de otro vivo, generando lesiones y deterioros. Gracias a esta relación el parásito se asegura de mantener el abastecimiento de sus requerimientos vitales, por lo tanto depende completamente del organismo afectado y de sus recursos. ¿ Te suena también?

¿Se podría decir entonces que el ser humano es el virus y La Tierra su huésped?

Teoría malthusiana

El reverendo Thomas Robert Malthus redactó en el año 1798 un polémico artículo titulado “Ensayo acerca del principio de población”. Observaba el autor las cíclicas catástrofes naturales que diezmaban a la población mundial y racionalizaba esos eventos bajo la teoría de que se trataba de una manera espontánea de controlar la expansión del número de habitantes en la tierra.

Pensemos en La Tierra como un organismo vivo que se defiende de nuestros continuos ataques como puede para intentar curarse y buscar un equilibrio. Su sistema inmunológico serían entonces todas las catástrofes que suceden, tales como terremotos, tsunamis, tornados, enfermedades, etc. Mientras uno trata de reproducirse de manera descontrolada, el otro trata de defenderse. ¿Es descabellado entonces pensar que todas las catástrofes naturales que ocurren son producto de la casualidad?

El ser humano, como un virus, se adapta a las adversidades y muta para superarlas, si es preciso a costa de otras especies. De hecho, por nuestra culpa algunas ya vieron su fin. Y es que al menos 42 especies animales se extinguieron por la acción directa o indirecta del ser humano. Y esto no es selección natural, sino puro egoísmo del hombre.

Por desgracia, tenemos que admitir que ha sido la mano del hombre la que ha provocado más del 90% de la pérdida de biodiversidad de los últimos 100 años. Esto es un hecho muy grave y que evidencia la capacidad que tenemos de modificar los ecosistemas a nuestro antojo y, la mayoría de veces, sin que prestemos atención a lo que esto supone para la vida. Las maneras principales por las que hemos disminuido la naturaleza son la sobreexplotación y el cambio de ecosistemas. Cuando talamos y quemamos áreas completas para construir; o cuando pescamos con redes de arrastre sin tener en cuenta algunas medidas básicas de conservación; cuando plantamos hectáreas de monocultivos, cuando destruimos las redes tróficas y sus relaciones, entonces, estamos desencadenando la inevitable pérdida de biodiversidad. Algo que seguimos haciendo todos los días y que tiene consecuencias negativas para todos.

Quizá la extinción de especies nos resulte algo trivial, pero no es así, y nos afecta mucho más de lo que creemos. ¿Sabías que hay 6 especies sin las que no podríamos sobrevivir?

¿Qué ha cambiado desde que el ser humano se confinó?

Durante el confinamiento, hemos detenido nuestro ritmo frenético y destructivo y hemos podido ver como la naturaleza se abría paso gracias a que nos hemos mantenido encerrados y al margen, algo que el planeta ha agradecido enormemente. Esta situación ha supuesto varios efectos positivos para el medio ambiente, como son la reducción drástica de la contaminación, la mejora en la calidad del aire, la caída de los niveles de ruido y la reducción del tráfico ilegal de animales, por lo tanto ha sido más que benificioso en este sentido.

Desgraciadamente estos beneficios son sólo temporales y se irán perdiendo a medida que vayamos recobrando la «normalidad». Y lo que es peor aún, que quizá queramos recuperar el tiempo que creemos perdido añadiendo aún más presión sobre los ecosistemas.

¿Es ésta la «normalidad» a la qué queremos volver?

Se habla mucho de la vuelta a la normalidad o de la nueva normalidad, que en realidad no es más que un eufemismo para decir que seguiremos igual o aún peor de lo que estábamos, ya que nuestro egoísmo no nos permite cambiar.

La idea de volver a la vida que teníamos de consumismo, contaminación, globalización, egoísmo, etc., la verdad es que no es muy alentadora, dice muy poco de nosotros como especie y pone en cuestión si realmente somos dignos de vivir en este planeta. El tiempo dirá si hemos aprendido algo de todo esto y qué camino tomaremos a partir de ahora. Sinceramente yo no tengo muchas esperanzas en la sociedad actual, pero ojala me equivoque.

En definitiva, si no somos un virus, la verdad es que nos parecemos mucho a ellos y actuamos de la misma manera. La diferencia es que un virus no tiene conciencia, y nosotros sí, lo que nos hace aún peores.

 

Oveja Negra

Me marché del rebaño porque no paraban de pastar y balar. Desde entonces vivo más tranquilo.
Procuro siempre contrastar la información antes de tomar ninguna conclusión y doy mi opinión sincera cuando se me pregunta.

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